La alondra construye con su canto
topacios inalterados por el vuelo:paisajes remotos en lo inmediato
El sol en los viñedos de las colinas
y las últimas sombras en la tierra
bajo el cielo plateado más que azul.
Cristales nacidos de los 4 vientos:
memorias de viajeros que no aceptan
límites a su libertad de movimiento.
El dulce trino en el fervor asciende
dejando abierta una estela luminosa
que recupera lo que parecía olvidado:
lo mejor de nuestro destino personal.
La pasión del vuelo es la clave,
la canción es el espacio
pero el que canta
es el tiempo.
Éste no es el viento de los sauces
ni el viento de los eucaliptos,
ni siquiera el viento que enciende las velas
y mueve lentamente los molinos.
No es el viento que desplaza las nubes
en el calendario del verano
ni el viento de la aurora
naciendo en las aves.
Hermanos, hermanas
ésta no es la canción del otoño
ni la canción de los amantes
naciendo el amor a la luz de la luna.
Éste no es el ritmo de los cristales de nieve
ni la danza alterna del día y la noche,
ni el pausado ritmo de tu respiración
y es mi respiración... escucha:
Es la voz de las ciudades enfermas sin remedio
las láminas, los dados, las varillas.
El ubicuo motor y el desconcierto
de una época que se disipa.
Es el sonsonete trillado que en el Apocalipsis
encuentra un eco de la transformación:
El reino de la velocidad
y los signos cruzados del tiempo.
Es el estrépito insensato de la industria
las fábricas mil veces explotadas.
Rastros de herrumbre y gases insidiosos.
Las fábricas, no tú ni yo.
Fragor, fricción y bruma entre la maquinaria
horrísono chirriar en esta edad vacía,
en este barril sin fondo. Es el idioma
internacional de la usura.
La nueva lengua universal:
El esperanto de la infamia
los alambres, los picos, las cadenas.
La edad de hierro no reconoce otra voz.
Pero no puede prolongarse eternamente la caída
porque el ruido tiene límites... escucha:
Éste no es el viento de los sauces
ni el viento de los eucaliptos...
ni el viento de los eucaliptos,
ni siquiera el viento que enciende las velas
y mueve lentamente los molinos.
No es el viento que desplaza las nubes
en el calendario del verano
ni el viento de la aurora
naciendo en las aves.
Hermanos, hermanas
ésta no es la canción del otoño
ni la canción de los amantes
naciendo el amor a la luz de la luna.
Éste no es el ritmo de los cristales de nieve
ni la danza alterna del día y la noche,
ni el pausado ritmo de tu respiración
y es mi respiración... escucha:
Es la voz de las ciudades enfermas sin remedio
las láminas, los dados, las varillas.
El ubicuo motor y el desconcierto
de una época que se disipa.
Es el sonsonete trillado que en el Apocalipsis
encuentra un eco de la transformación:
El reino de la velocidad
y los signos cruzados del tiempo.
Es el estrépito insensato de la industria
las fábricas mil veces explotadas.
Rastros de herrumbre y gases insidiosos.
Las fábricas, no tú ni yo.
Fragor, fricción y bruma entre la maquinaria
horrísono chirriar en esta edad vacía,
en este barril sin fondo. Es el idioma
internacional de la usura.
La nueva lengua universal:
El esperanto de la infamia
los alambres, los picos, las cadenas.
La edad de hierro no reconoce otra voz.
Pero no puede prolongarse eternamente la caída
porque el ruido tiene límites... escucha:
Éste no es el viento de los sauces
ni el viento de los eucaliptos...