cuál más su color sea, o púrpura nevada o nieve roja; de su frente la perla es eritrea, émula vana; el ciego dios se enoja, y, condenado su esplendor, la deja pender en oro al nácar de su oreja.
No hay deuda que no se haga ni fecha que no se cumpla.
¡Cuántas mujeres se enamoran de un hombre, no para tenerlo, sino para no dejarlo a otra!
El amor propio es el mayor de los aduladores.
¿Por qué nos alegramos en las bodas y nos entristecemos en los velorios? Porque no somos la persona involucrada.
El amor tiene un poderoso hermano, el odio. Procura no ofender al primero, porque el otro puede matarte.
Aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto.
Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.
No hay deuda que no se haga ni fecha que no se cumpla.
¡Cuántas mujeres se enamoran de un hombre, no para tenerlo, sino para no dejarlo a otra!
El amor propio es el mayor de los aduladores.
¿Por qué nos alegramos en las bodas y nos entristecemos en los velorios? Porque no somos la persona involucrada.
El amor tiene un poderoso hermano, el odio. Procura no ofender al primero, porque el otro puede matarte.
Aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto.
Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.