la cerrada de puertas, la absoluta de espaldas,
cosiéndose un pañuelo que nadie conocía.Se bajó bien los párpados. Con infinita llave
los cerró para siempre. Unos negros marinos
vinieron a embarcarla en una negra nave.
Y la nave, de mástiles de espermas y de velas
de coronas moradas de flores, era el barco
que lleva a extraños puertos a las hondas abuelas.
No hizo caso a nadie: ni a la hija mayor,
ni a su eterno rosario: tan mañosa se puso,
tan abuela recóndita metióse en su labor.
Ni el oleaje de rostros, ni la llántea resaca
pueden ahora atraer su nave hasta esta costa:
¡ni nadie de su extraño pañuelo ahora la saca!
La mesa en la mañana me espera con su silla,
mas se sienta la ausencia familiar a la mesa.
La mesa en la mañana hasta mis ojos brilla,
cuando estoy frente a ella con mi sola cabeza.
Es una gota parda que brilla su rocío,
entre sillas que esperan todo el día pacientes.
Como un rayo de sol a calentar el frío,
un hombre al desayuno se lanza con sus dientes.
Sobre el pardo rocío que desayuno alienta,
es pájaro la lengua de este hombre sentado.
Y conversa con otro que a su lado se sienta,
y también como un rayo de sol sentado al lado.
Y así nace el gorjeo matinal de la casa.
¡A donde brilla un sol que es comedor brillante,
de la cocina vino la vaporosa taza,
desde el mismo horizonte con su día fragante!
mas se sienta la ausencia familiar a la mesa.
La mesa en la mañana hasta mis ojos brilla,
cuando estoy frente a ella con mi sola cabeza.
Es una gota parda que brilla su rocío,
entre sillas que esperan todo el día pacientes.
Como un rayo de sol a calentar el frío,
un hombre al desayuno se lanza con sus dientes.
Sobre el pardo rocío que desayuno alienta,
es pájaro la lengua de este hombre sentado.
Y conversa con otro que a su lado se sienta,
y también como un rayo de sol sentado al lado.
Y así nace el gorjeo matinal de la casa.
¡A donde brilla un sol que es comedor brillante,
de la cocina vino la vaporosa taza,
desde el mismo horizonte con su día fragante!