Con los ojos bien abiertos al enigma
vemos que las formas no son nuestrasNo es nuestro el espacio ni el tiempo
ni son nuestros los frutos que se encienden
en las ramas curvadas o enhiestas
No es nuestra la transparencia del deseo
ni las alas del grillo ni su canto
ni siquiera el vuelo de las hojas secas
Si acaso hay algo nuestro ¡Es un misterio!
La pasión del canto con el azoro a cuestas
Un salmo cadencioso peina el bosque
De raya en medio: la luz solar
sobre las hojas y el abrigo
de la sombra en un costado.
Hay un eco ancestral en la salmodia
de los pinzones reales: el otoño
tiene sus plumas propias y el color
de los corazones que se despiden.
Caen las hojas y se eleva el canto
del pinzón como un adiós a la belleza
de la estación cordial: como una fiesta
de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.
De raya en medio: la luz solar
sobre las hojas y el abrigo
de la sombra en un costado.
Hay un eco ancestral en la salmodia
de los pinzones reales: el otoño
tiene sus plumas propias y el color
de los corazones que se despiden.
Caen las hojas y se eleva el canto
del pinzón como un adiós a la belleza
de la estación cordial: como una fiesta
de Pan entre las ramas oscuras de los pinos.
Ella soñó
hace mucho tiempo
este mismo sueño musical.
Ahora lo traigo a la memoria.
El camino estaba bordeado de estrellas,
los lirios pesaban en plena noche
y ella me sugería la silueta
de un ciprés estremecido.
Del túnel vimos salir a la luna
seguida de otras máquinas brillantes.
Su cuerpo plateado recordaba a las diosas
de la pantalla de la dulce tibieza de aquel verano.
El sigilo de las ruedas se mezclaba con el parpadeo
nocturno de los grillos, el viento enmascarado
y el ruiseñor dramatizado en la maleza.
Conozco muy bien este sueño:
las pausas forman parte de la canción
y un leve temblor recorre nuestros caminos.
Aún podemos escuchar allá, a lo lejos,
la celebración del canto
y risas, danzas
hace mucho tiempo
este mismo sueño musical.
Ahora lo traigo a la memoria.
El camino estaba bordeado de estrellas,
los lirios pesaban en plena noche
y ella me sugería la silueta
de un ciprés estremecido.
Del túnel vimos salir a la luna
seguida de otras máquinas brillantes.
Su cuerpo plateado recordaba a las diosas
de la pantalla de la dulce tibieza de aquel verano.
El sigilo de las ruedas se mezclaba con el parpadeo
nocturno de los grillos, el viento enmascarado
y el ruiseñor dramatizado en la maleza.
Conozco muy bien este sueño:
las pausas forman parte de la canción
y un leve temblor recorre nuestros caminos.
Aún podemos escuchar allá, a lo lejos,
la celebración del canto
y risas, danzas