en las copas blandas
de los abetos recién nevados.
Sé que hay una especie de cuervo
que llega a encender su propia mecha
y extiende lentas alas de humo
a lo largo del cielo.
Una tenue luz -mientras tanto-
atraviesa las cortinas
y dora el lomo cansado de mis libros.
Se alcanzan a distinguir entre las letras
los cristales de un invernadero.
El corazón calienta este paisaje
que se escucha entre ráfagas de viento
el clima frío y cerezas encendidas
en la mirada atenta del cuervo.
Fluye la música de las alturas
entre los copos de nieve.
El día y la noche
en la quietud sin tiempo
colman esta aspiración inmensa
de ser el sol y la luna en un mismo pecho.
La mosca se levanta de la mesa
y domina los cuartos desde el techo,
atraviesa puntualmente el pasillo
que comunica al mar con el espejo.
Penetrante en la luz es su zumbido
una burbuja más dentro del agua...
navegando descubre entre los botes
el borde iluminado del mantel.
El fondo es sucio, lo que mira claro:
esta vida que flota vacilante
con aire de papel, blanco de luz,
nada recuerda ya de las palabras.
y domina los cuartos desde el techo,
atraviesa puntualmente el pasillo
que comunica al mar con el espejo.
Penetrante en la luz es su zumbido
una burbuja más dentro del agua...
navegando descubre entre los botes
el borde iluminado del mantel.
El fondo es sucio, lo que mira claro:
esta vida que flota vacilante
con aire de papel, blanco de luz,
nada recuerda ya de las palabras.