un instante la atmósfera para precipitar en los abismos de la muerte al infeliz a quien han deslumbrado
Nos quedaban provisiones. Pero nunca se comía hasta satisfacer el hambre. Economizar era nuestro lema, economizar para el día siguiente. El día siguiente podía ser peor todavía.
Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno.
Apolo, el dios de la medicina, solía enviar las enfermedades. En el principio, los dos oficios eran uno solo, y sigue siendo así
A este mundo se le llama destino .
El hilo vinculante se enrolla alrededor de un prejuicio impotente y frágil.
El odio, la tristeza, todo acaba en lagrimas tras las cortina a media noche,
se ejecuta cualquier venganza pendiente.
Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados.
Nos quedaban provisiones. Pero nunca se comía hasta satisfacer el hambre. Economizar era nuestro lema, economizar para el día siguiente. El día siguiente podía ser peor todavía.
Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno.
Apolo, el dios de la medicina, solía enviar las enfermedades. En el principio, los dos oficios eran uno solo, y sigue siendo así
A este mundo se le llama destino .
El hilo vinculante se enrolla alrededor de un prejuicio impotente y frágil.
El odio, la tristeza, todo acaba en lagrimas tras las cortina a media noche,
se ejecuta cualquier venganza pendiente.
Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados.