puede ganar que otro le niegue el derecho de volver a respirar. De que lo priven de todo, su futuro y sus recuerdos, por la ofensa imperdonable de que no vive de acuerdo.
Cuando empiece la destrucción, las almas insensatas se refugiarán en la felicidad de la ignorancia.
Chizuru dice que me acostumbraré, pero, ¿cómo espera que lo haga? No importa cuanto haya cambiado, las cosas que perdí ya no volverán.
¿Quién es usted para condenar el pecado de otro? El que condena el pecado se convierte en parte de él, lo abraza.
Nosotros nos quedamos, vamos a resistir y no vamos a someternos. ¡Atáquennos con sus misiles, dos, tres, diez o cien años!.
Entiendo lo que dices, pero... ¿no crees que la paranoia también es peligrosa?
Otras me amaron más, y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
Cuando empiece la destrucción, las almas insensatas se refugiarán en la felicidad de la ignorancia.
Chizuru dice que me acostumbraré, pero, ¿cómo espera que lo haga? No importa cuanto haya cambiado, las cosas que perdí ya no volverán.
¿Quién es usted para condenar el pecado de otro? El que condena el pecado se convierte en parte de él, lo abraza.
Nosotros nos quedamos, vamos a resistir y no vamos a someternos. ¡Atáquennos con sus misiles, dos, tres, diez o cien años!.
Entiendo lo que dices, pero... ¿no crees que la paranoia también es peligrosa?
Otras me amaron más, y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.