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Entradas

ANA BUQUET - VECES

  A veces, cuando las luces se apagan y se termina la música, y se me obliga a quedarme sola con mi enfermedad y mi mundo suspendido. A veces, tú entras silenciosamente y dándome un beso realizas el milagro y me haces dormir en paz. DESENFADADOS Desenfrenados, airosos, surgen en el alma los deseos que el cuerpo por las noches calma. Claman piedad. Gritan "ya basta". Un "nomeolvides", un "parasiempre" surgen del alma de los amantes. Desenfrenados, airosos, saltan desde su piel los anhelos que el alma por la mañana calma. Ellos, siempre tan desenfadados, los amantes, abriendo el desparpajo de la vida fundiendo su condición, no renegando de ella. ECOS Espinosos retumban los ecos del pasado. Reiteran a sabiendas mi dolor. Nutro fertilidades para no agonizar masticando ahogos de tristeza, y tomo mi escafandra: este presente de vuelos y cánticos de finos y coloridos pájaros. Leves se disuelven las nostalgias pétreas, quedándome sempiternos azules y oros. Jamás p...

ANA EMILIA LAHITTE - POSDATA

  La toma de conciencia de haber sido burlados a destiempo llega después cuando el morir se ha vuelto un latido obsesivo. y acompaña los pasos. SEÑALES Aquellos padres hondos de que habla Valery siguen interrogándonos. Nuestra orfandad responde desde su alta mudez. Eterno diálogo. Quizá el más cercano de nuestros habitantes sin rostro el más cauto sabe que traficamos con la idoneidad de un Judas que sonríe a la hora de los pactos. ANA BUQUET - A LA BÚSQUEDA INCESANTE Cresta de la ola. Caes con vértigo feroz en playas anónimas de atardeceres calmos. Mueres mar en la orilla, y a tu antojo te desperezas, te desatas fuerte, te contraes, te esfumas. Llevas a tu encuentro pasados que no fueron, crepúsculos de luz mortecina que alumbraron lujuriosos placeres y enardecieron profundos dolores. Cresta de la ola de este río como mar... Hoy caes con vértigo en mi playa. Estás buscando más que nunca, empecinada, quebrarte en mis pies, igual que aquel que quiso morir por un amor prohibido. Y bus...

ANA EMILIA LAHITTE - LA JAULA

  Quién soy, sola de mí, para violarme con verdades ajenas si aún las propias no han sido deslindadas. Quién se interna en la palma de mis manos luego de cercenarlas. Quién me vacía, huye y no regresa sin despojarme de la amarra. Quién seduce mi cólera, penitencia incendiada. Me atrevo a liberar en mis arterias los ángeles salvajes que fueron propiedad natal del alba. Enclaustrada en una libertad que me condena a su sed cavernaria abruman las respuestas. Entreabro la jaula. LA NIÑA EXTRAÑA Tenía un grillo entre las sienes y sabía decir mariposa. Lo demás lo ignoraba. Un día descubrió que Dios no era una alondra. Otro día les dijo a las simientes que sería más lindo brotar alas. Al fin se convenció de que en el mundo hay demasiadas cosas sabias. Y se fue despacito, caminando, caminando hasta el alba. OFICIOS DE LA MUERTE La veo trabajar en cal pensante como si su lujuria de tinieblas le permitiese inscribir en tierra todos los nombres de la soledad. Pero aún no pudo enterrar mi somb...

ANA EMILIA LAHITTE - GIRONSIGLOS

  Junto al manso D´Amicis de mi infancia / recela el siglo en celo de sus Emmas rapaces / de sus hembras con filo de alhucema. / El Flaubert de mi madre / huele a hastío / a musgo / a discreción. / Huele a cuero de Rusia el D´Annuncio vedado. / (La decencia era un rito / un embrión de sándalo. / Era indecente el sexo de Picasso) / Todo gime clausura / humedad de gusanos pulcramente engendrados. / Nuestra noche estrellada incuba radioactivos / girasoles de llanto. Escucha los colores de Trakl / las aguas vivas de su incesto. / Hay llagas que jadean / desalojan el Duino. / Todo ángel es terrible.../ Escucha los mandalas de Pessoa / el dios cojo de Artaud / el sur de Gelman. / Paren de pie palabras terminales / que jamás nacerán / aunque renazcan de la muerte de todos. / La cacería humana ignora esas palabras / su proa de mandrágoras. / Nunca comprenderán / que ante huesos que piensan / callar es una fragua. Sofismas de Claudel anunciar a María. / Marilyn se desnuda en nalgas del vera...

ANA EMILIA LAHITTE - GÉNESIS

  Después de Dios. Después de padecerlo en la humana versión de sus sosías vislumbramos un dios que se transforma en soledad de dios luego de serlo. Sólo resta dejar en paz y firmes las heridas. Desnudarnos de Dios. Y contemplarlo. Desnudo. A nuestra propia semejanza. HUIDA Con la mitad de mi cerebro hice un ala de sol para la noche. Guardo la otra mitad celosamente: así podré creer que ya no existo. Desde el adiós un ciervo echa a correr llevándose el vacío. LA INADVERTENCIA Hemos hablado de los hombres y de cuanto les ocurre a los hombres, como si la humanidad fuese un planeta inmerso en nuestra sombra. Hemos creído despoblar el silencio nombrando cada cosa, encadenándola y encadenándonos a su significado. Sin advertir que cada ser genera mundos breves que huyen hacia la libre prisión del universo.

ANA EMILIA LAHITTE - EL SUÉTER DE FEDORIO

  En los bordes raídos del suéter de Fedorio se arremansa la vida y sus historias. Jamás me atrevería a proponerle restañar esos hilos desgastados reavivar los colores las zonas percudidas como un abecedario para ciegos. Quitárselo sería desollarlo. El suéter de Fedorio es una hogaza un libro de bitácora un sol un campanario alguna melodía que se canta sin que nadie la escuche. Su intemperie anuda cuanto ha sido algo más que un adiós menos que un llanto algo que sólo cabe en el hueco secreto de la mano. Si otra piel respira debajo de mandala de su suéter gastado será sólo el sudario que busca convertirse en el revés cereal kkkkkk de esa coraza hilada por los pájaros. EXORCISMOS Cerebro el exorcismo del regreso a casa. Pero ¿quién vuelve en mí? ¿Aceptarán los muros la soledad baldada?

ANA EMILIA LAHITTE - CETRERÍA

  Liebre, venado, faisán. No me atrae la caza ni me gusta alinear la carne roja en bandejas de plata. Pero el halcón acaba de traerme tus ojos. Amo la cetrería. Mañana ha de traerme tu mirada. EL CUERPO Asumo en huesos frágiles el esplendor del ser y su destierro mi médula salvaje mi ambigüedad tajeada por las uñas de Dios. 1 El cuerpo. Sólo somos su huésped transitorio. Su más desheredado habitante mortal. 2 Desde el alba del hueso la carne es un latido anterior a sí misma. 3 La carne sólo piensa cuando el pulso vacila y en su lugar se instalan los enigmas. 4 Cuando la carne aúlla o se desangra el hombre resplandece en su verdad de sed de lumbre y brama. 5 Entre la carne altiva y sus jirones un cielo sumergido todavía sin playas. 6 La carne. Su batalla entre la seducción y el desengaño. De lo humano hereda la imprudencia y el goce de exponer su intemperie desnuda ante los astros. Como único escudo la piel. Ese milagro. 7 Mis pieles sucesivas obsesivas fueron aniquilándome devastán...

Gemeoss