¿Eres Tú la Sunamitis, cuyo dulce imperio abarca
los eternos siglos?... ¿Eresla escogida entre millares de mujeres?...
¿La que sueñan los poetas,
la que amó cada patriarca,
la que llaman los profetas
Primogénita, Deífica, Vellocino y Trono y Arca?...
¿Eres Tú la siempre Pura
que en el seno llevaras, siendo criatura,
al Rey sumo que en los cielos de los cielos no cabría?
¿Eres Tú María?...
Si tal eres,
¡oh escogida entre millares de mujeres!,
llega, Luz del Día.
Bienvenida sea
quien con tales timbres viene,
y en las sacras venas tiene
lo más limpio de la sangre de los reyes de Judea.
¡Bienvenida sea!...
Así te ves mejor, crucificado.
Bien quisieras herir, pero no puedes.
Quien acertó a ponerte en ese estado
no hizo cosa mejor. Que así te quedes.
Dices que quien tal hizo estaba ciego.
No lo digas; eso es un desatino.
¿Cómo es que dio con el camino luego,
si los ciegos no dan con el camino?...
Convén mejor en que ni ciego era,
ni fue la causa de tu afrenta suya.
¡Qué maldad, ni qué error, ni qué ceguera!.
Tu amor lo quiso y la ceguera es tuya.
¡Cuánto tiempo hace ya, Ciego adorado,
que me llamas, y corro y nunca llego!...
Si es tan sólo el amor quien te ha cegado,
ciégame a mí también, quiero estar ciego.
Bien quisieras herir, pero no puedes.
Quien acertó a ponerte en ese estado
no hizo cosa mejor. Que así te quedes.
Dices que quien tal hizo estaba ciego.
No lo digas; eso es un desatino.
¿Cómo es que dio con el camino luego,
si los ciegos no dan con el camino?...
Convén mejor en que ni ciego era,
ni fue la causa de tu afrenta suya.
¡Qué maldad, ni qué error, ni qué ceguera!.
Tu amor lo quiso y la ceguera es tuya.
¡Cuánto tiempo hace ya, Ciego adorado,
que me llamas, y corro y nunca llego!...
Si es tan sólo el amor quien te ha cegado,
ciégame a mí también, quiero estar ciego.