Buscad
labios perdidos,lejos del eco imaginario
que despiertan unas plumas.
Buscad
corazones que saluden,
más allá del parpadeo
que nos une a la rosa.
Buscad la luz
más allá de los designios del alba,
en el rostro de unas voces desveladas
que subliman las últimas violetas.
Buscad
finalmente el silencio,
más allá del cuerpo que se mira
presagiando sollozos.
Allí donde comienza el silencio,
estás tú,
toda deseo, toda extensión
como hierba o álamo solo
que recoge el instante puro de unos sueños
en la triste, tan triste presencia de unas manos sin venas,
blancas y solitarias como el dolor,
blancas y pausadas como el olvido mismo.
estás tú,
toda deseo, toda extensión
como hierba o álamo solo
que recoge el instante puro de unos sueños
en la triste, tan triste presencia de unas manos sin venas,
blancas y solitarias como el dolor,
blancas y pausadas como el olvido mismo.
He visto atardecer tu rostro
en el desvío de unos labios
y al brillo del jazmín.
He visto como a pesar de tu aparición
sobre los cuerpos,
piensas en el fuego y la sangre confundidos.
He visto
que para tu silencio no bastan soledades
ni voces destruidas
y que en un llanto sostienes
las vigilias del alba.
A lo lejos,
mil azucenas te miraban
como en una angustia de hueso.
en el desvío de unos labios
y al brillo del jazmín.
He visto como a pesar de tu aparición
sobre los cuerpos,
piensas en el fuego y la sangre confundidos.
He visto
que para tu silencio no bastan soledades
ni voces destruidas
y que en un llanto sostienes
las vigilias del alba.
A lo lejos,
mil azucenas te miraban
como en una angustia de hueso.