no encontrarse en mis cuadros: abandonado a mí mismo, lo pintoresco es inoperante y se niega cada vez que reaparece idéntico a sí mismo. Ya que lo producía su encanto, mientras no se hubiera convertido aún en tradicional, era lo inesperado, la novedad de una disposición y lo extraño.
No nos pueden engañar. Lo más doloroso de la inflación es que existe. No pueden cambiar los porcentajes, existe y no la estamos combatiendo; la pueden esconder en cualquier parte pero finalmente aparece aquí, en nuestros bolsillos, y allí, allí si que duele.
El saber es la parte principal de la felicidad.
El encanto de la guerra procede asimismo de que es una situación simple, en la que es fácil elegir: el bien se opone al mal, los nuestros a los otros, las víctimas a los verdugos. Si antes el individuo podía pensar que su vida era inútil o caótica, en la guerra adquiere cierta gravedad.
Los ojos cuentan la historia de esta batalla. Jamás subestimes a los Uchiha.
Tu mejor vestido fue siempre tu sonrisa
El vino y la mujer, el juicio hacen perder
Cien veces al día nos burlamos de nuestros mismos defectos al considerarlos en los demás.
Lo subjetivo y lo objetivo se complementan en el acto de la creación.
No queremos ser sometidos, por eso llegamos hasta el Congreso de la Nación.
No nos pueden engañar. Lo más doloroso de la inflación es que existe. No pueden cambiar los porcentajes, existe y no la estamos combatiendo; la pueden esconder en cualquier parte pero finalmente aparece aquí, en nuestros bolsillos, y allí, allí si que duele.
El saber es la parte principal de la felicidad.
El encanto de la guerra procede asimismo de que es una situación simple, en la que es fácil elegir: el bien se opone al mal, los nuestros a los otros, las víctimas a los verdugos. Si antes el individuo podía pensar que su vida era inútil o caótica, en la guerra adquiere cierta gravedad.
Los ojos cuentan la historia de esta batalla. Jamás subestimes a los Uchiha.
Tu mejor vestido fue siempre tu sonrisa
El vino y la mujer, el juicio hacen perder
Cien veces al día nos burlamos de nuestros mismos defectos al considerarlos en los demás.
Lo subjetivo y lo objetivo se complementan en el acto de la creación.
No queremos ser sometidos, por eso llegamos hasta el Congreso de la Nación.