jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales...
Los demonios no son los que le han crucificado, eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados.
Después de la cosecha de arroz el espantapájaros no es el mismo.
Un aguacero. Se agarran a las hierbas los gorriones.
En cierto sentido, el misterio de la encarnación se repite en cada mujer; todo niño que nace es un dios que se hace hombre.
El deporte y las artes marciales son diferentes. En el deporte, hay tiempo. En las artes marciales no hay más que el instante.
No todos los hombres alcanzan la perfección de morir; hay muertos y hay cadáverres, y yo seré un cadáver.
Los demonios no son los que le han crucificado, eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados.
Después de la cosecha de arroz el espantapájaros no es el mismo.
Un aguacero. Se agarran a las hierbas los gorriones.
En cierto sentido, el misterio de la encarnación se repite en cada mujer; todo niño que nace es un dios que se hace hombre.
El deporte y las artes marciales son diferentes. En el deporte, hay tiempo. En las artes marciales no hay más que el instante.
No todos los hombres alcanzan la perfección de morir; hay muertos y hay cadáverres, y yo seré un cadáver.