Es mil novecientos sesenta y nueve, y caminas
por la avenida Bolívar de Valenciacon un libro de poemas en el bolsillo. Las aceras
angostas y los cedros ajenos
a la blanca voracidad del acero.
El viento del este sacudía, por ultima vez, las ramas
de estos árboles. Te detienes
bajo una luz y lees: Venías
desde el fondo de la noche
con flores en las manos.
Eran noches buenas, las de octubre,
para la poesía. Frescas
y con una transparencia
de estrellas. Se repetían,
una tras otra, un río inagotable
de noches, todas esperando tu visita.
TERRITORIOS (FRAGMENTO 2)
Caminas entre nubes de vapor
por una calle que desconoces.
El silencio es oscuro en esta ciudad.
Sus voces te confunden,
mientras el viento llega
a tu cara con el silbido
plateado de una hoja. La noche
ya no es un ángel con amplios
patios y ventanas, sino
el lomo delgado de un tronco
que cruzan tus miedos y ansiedades.
Más cerca de la nada que de la mano
que se extiende en el instante
de más húmedo vacío. La calle
treinta y cuatro de Nueva York se alargaba
como un túnel, entre tu casa
de Valencia y los muelles
de un país desconocido.
por una calle que desconoces.
El silencio es oscuro en esta ciudad.
Sus voces te confunden,
mientras el viento llega
a tu cara con el silbido
plateado de una hoja. La noche
ya no es un ángel con amplios
patios y ventanas, sino
el lomo delgado de un tronco
que cruzan tus miedos y ansiedades.
Más cerca de la nada que de la mano
que se extiende en el instante
de más húmedo vacío. La calle
treinta y cuatro de Nueva York se alargaba
como un túnel, entre tu casa
de Valencia y los muelles
de un país desconocido.