se entretienen tan a gusto con palabras hueras: ¡una idea no puede ser liberal! Deberá ser vigorosa, excelente y perfecta en sí misma para que cumpla con la divina misión de ser productiva. Menos aún podrá ser liberal un concepto, pues tiene una tarea totalmente distinta.
- Sanji: Marina, viene, nosotros, barco, huir. ¿Entendiste?
- Zoro: ¡¿Como demonios quieres que entienda eso?! ¡Habla bien!
- Sanji: No sé como pude pensar que un idiota como tú entendería.
- Zoro: Bien. Yo, cortarte, después.
La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno.
Son esas luchas, esas nobles rivalidades de los partidos, las que engendran las buenas instituciones, las depuran en la discusión, las mejoran con reformas saludables y las vigorizan con entusiasmos generosos que nacen al calor de las fuerzas viriles de un pueblo.
La amistad es sentir que no estas sólo, es saber que alguien te busca y te recuerda.
La providencia es compañera de la historia
Por completo es mi forma favorita de destruir algo.
A lágrimas de cebolla, y caricias de jumento, mucho tiento.
Las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan se marchitan cuando las toca la sucia rutina.
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
- Sanji: Marina, viene, nosotros, barco, huir. ¿Entendiste?
- Zoro: ¡¿Como demonios quieres que entienda eso?! ¡Habla bien!
- Sanji: No sé como pude pensar que un idiota como tú entendería.
- Zoro: Bien. Yo, cortarte, después.
La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno.
Son esas luchas, esas nobles rivalidades de los partidos, las que engendran las buenas instituciones, las depuran en la discusión, las mejoran con reformas saludables y las vigorizan con entusiasmos generosos que nacen al calor de las fuerzas viriles de un pueblo.
La amistad es sentir que no estas sólo, es saber que alguien te busca y te recuerda.
La providencia es compañera de la historia
Por completo es mi forma favorita de destruir algo.
A lágrimas de cebolla, y caricias de jumento, mucho tiento.
Las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan se marchitan cuando las toca la sucia rutina.
Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.