para mí. Corrina, Corrina, chica, tú estás en mi pensamiento. Corrina, Corrina, chica, tú estás en mi pensamiento. Estoy cantándote y pensando en ti, nena, no puedo ocultar mi llanto.
Fuera de mí, en el espacio, errante, la música doliente de un vals; en mí, profundamente en mi ser, la música doliente de tu cuerpo; y en todo, viviendo el instante de todas las cosas, la música de la noche iluminada.
La desgracia es capaz de abrir los ojos hasta a los ciegos. Es una maestra que sabe mucho, y una amiga que no engaña, como la felicidad.
No hay vida que sin el azul tormenta de tus ojos se precie.
El gran saber todo lo abarca. El pequeño todo lo divide.
El hombre soporta el dolor como un castigo inmerecido, la mujer lo acepta como una herencia natural.
El poder de la mente no cabe en el universo...
Quien no oye consejo, no llega a viejo.
Fuera de mí, en el espacio, errante, la música doliente de un vals; en mí, profundamente en mi ser, la música doliente de tu cuerpo; y en todo, viviendo el instante de todas las cosas, la música de la noche iluminada.
La desgracia es capaz de abrir los ojos hasta a los ciegos. Es una maestra que sabe mucho, y una amiga que no engaña, como la felicidad.
No hay vida que sin el azul tormenta de tus ojos se precie.
El gran saber todo lo abarca. El pequeño todo lo divide.
El hombre soporta el dolor como un castigo inmerecido, la mujer lo acepta como una herencia natural.
El poder de la mente no cabe en el universo...
Quien no oye consejo, no llega a viejo.