que volveré a serlo, cuando me hallo cansado de mis meditaciones, y la vida parece un bosque sin caminos donde, al vagar por él, sentirnos en la cara ardiente el cosquilleo de rotas telarañas, y un ojo lagrimea a causa de una brizna, y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo, para luego volver y empezar otra vez.
Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir.
No hay más que dos clases de hombres: unos, los justos, que se creen pecadores; otros, los pecadores, que se creen justos.
La vida enseña. Pero pocos aprenden.
Tranquilo Chopper. No muero por la seta que me diste. ¡Yo muero para salvar a mi gente!
A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores.
Muchos jueces son incorruptibles, nadie puede inducirlos a hacer justicia.
He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta.
Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir.
No hay más que dos clases de hombres: unos, los justos, que se creen pecadores; otros, los pecadores, que se creen justos.
La vida enseña. Pero pocos aprenden.
Tranquilo Chopper. No muero por la seta que me diste. ¡Yo muero para salvar a mi gente!
A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores.
Muchos jueces son incorruptibles, nadie puede inducirlos a hacer justicia.
He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta.