quien, aunque otra cosa crea él, no siempre está asistido por serios aparatos de consejeros.
¡Siempre me observas con desprecio, pretendiendo que cuidas de mí, eres una hipócrita! ¡Ya no soy la misma de antes! ¡Reconóceme de una vez por todas!
Es la entropía negativa de la que se alimenta un organismo.
El hombre sabio no acumula. Cuanto más ayuda a los otros, más se beneficia él mismo. Cuanto más da a los otros, más obtiene él mismo
Si se enseña algo a un hombre, jamás lo aprenderá
No abras tu boca si lo que vas a decir es menos precioso que el silencio.
Los proverbios pueden llamarse la filosofía del pueblo.
Las grandes ideas son aquellas de las que lo único que nos sorprende es que no se nos hayan ocurrido antes.
¡Siempre me observas con desprecio, pretendiendo que cuidas de mí, eres una hipócrita! ¡Ya no soy la misma de antes! ¡Reconóceme de una vez por todas!
Es la entropía negativa de la que se alimenta un organismo.
El hombre sabio no acumula. Cuanto más ayuda a los otros, más se beneficia él mismo. Cuanto más da a los otros, más obtiene él mismo
Si se enseña algo a un hombre, jamás lo aprenderá
No abras tu boca si lo que vas a decir es menos precioso que el silencio.
Los proverbios pueden llamarse la filosofía del pueblo.
Las grandes ideas son aquellas de las que lo único que nos sorprende es que no se nos hayan ocurrido antes.