abro el cajón donde guardo mis tesoros. Contemplo tus zapatillas, el pañuelo, tus cabellos, el retrato, releo tus cartas y aspiro tu perfume almizclado. ¡Si supieras lo que siento!
Intencionadamente o no, se confunden siempre los jueces con la justicia y los curas con Dios. Así se acostumbran los hombres a desconfiar de la justicia y de Dios
El periodismo es como una arena movediza, lo odias, pero estás dispuesto a lo que sea por conseguir una noticia. Es un vicio.
Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una ley universal.
El que se erige en Juez de la Verdad y del Conocimiento es anonadado por la carcajada de los dioses.
Ser hombre es de por sí una circunstancia atenuante.
El dolor de mis nakamas... ¡Es mi dolor!
Intencionadamente o no, se confunden siempre los jueces con la justicia y los curas con Dios. Así se acostumbran los hombres a desconfiar de la justicia y de Dios
El periodismo es como una arena movediza, lo odias, pero estás dispuesto a lo que sea por conseguir una noticia. Es un vicio.
Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una ley universal.
El que se erige en Juez de la Verdad y del Conocimiento es anonadado por la carcajada de los dioses.
Ser hombre es de por sí una circunstancia atenuante.
El dolor de mis nakamas... ¡Es mi dolor!