La silenciosa cosecha de todos estos años
se agosta en los cajones, envejece conmigo.De tarde en tarde, mi mano se distrae
quitándoles el polvo a esos vestigios
de emoción
que se niegan a morir. Vuelven siempre,
sumisos, al anónimo reposo de la espera.
Se alinean al azar bajo inseguros rótulos
que alivian, como huellas, mi paso por el tiempo.
Austeros epitafios,
sombras, murmuraciones vagas
que se acogen, como gatos,
a la escueta caricia de la melancolía.
Llégate a mí, sombra segura, anuncia
la postrera conjunción. Polvo dócil seré en tu seno
infinito, mudo polvo. Acógeme: te esperaré sin pánico
en el umbral que elijas, te miraré a los ojos
con el temblor prendido en la humedad
del gesto. No hallarás lamentos en mi rostro,
ni perdón, ni un aleteo de mi mano vibrará
contra el ansia de tu pecho.
Sacia tu sed, bebe la médula del cuenco
de mis huesos. Acumúlame a ti.
Siembra tu sal sobre mi clara grieta:
prometo ser un muerto silencioso.
la postrera conjunción. Polvo dócil seré en tu seno
infinito, mudo polvo. Acógeme: te esperaré sin pánico
en el umbral que elijas, te miraré a los ojos
con el temblor prendido en la humedad
del gesto. No hallarás lamentos en mi rostro,
ni perdón, ni un aleteo de mi mano vibrará
contra el ansia de tu pecho.
Sacia tu sed, bebe la médula del cuenco
de mis huesos. Acumúlame a ti.
Siembra tu sal sobre mi clara grieta:
prometo ser un muerto silencioso.