del hombre y del mundo, a un tiempo de dialéctica sigue un tiempo de escolástica, siempre con su alto precio de frustraciones, con su sangría de talentos que no encuentran lugar en los claustros cuando el signo de una ideología les es adverso
Si mi dedo fuera pluma y mi corazon tintero con la sangre de mis venas te eskribiria te quiero.
Trata en todo momento de ser útil, pero hazlo de acuerdo con tus posibilidades reales.
Yo mandaba más que el gobierno en ese momento, porque yo mandaba sobre el corazón de muchos miles de hombres. Esa es, quizá, la primera condición para conducir. Es decir, actuar sobre el corazón de los hombres, no sólo sobré su voluntad, para que lo acompañen a uno conscientemente y de corazón.
Si no hubiera malas gentes no habría buenos abogados
Donde hay niños, existe la Edad de Oro.
Un jugador sólo gana un partido, un equipo es el que gana un campeonato.
Mi deber no depende del de otro, y he de cumplir con el mío, pese a su olvido
¿Cuánto tiempo pueden los hombres prosperar entre paredes de ladrillo, caminar sobre pavimentos de asfalto, respirando humo de carbón y de petróleo, crecer, trabajar, morir, con apenas una idea sobre el viento, el cielo, y los campos de grano, viendo sólo la belleza hecha máquina, con la calidad de vida semejante a la de los minerales?
Nos prometieron el cielo y nos quedamos en el purgatorio.
Si mi dedo fuera pluma y mi corazon tintero con la sangre de mis venas te eskribiria te quiero.
Trata en todo momento de ser útil, pero hazlo de acuerdo con tus posibilidades reales.
Yo mandaba más que el gobierno en ese momento, porque yo mandaba sobre el corazón de muchos miles de hombres. Esa es, quizá, la primera condición para conducir. Es decir, actuar sobre el corazón de los hombres, no sólo sobré su voluntad, para que lo acompañen a uno conscientemente y de corazón.
Si no hubiera malas gentes no habría buenos abogados
Donde hay niños, existe la Edad de Oro.
Un jugador sólo gana un partido, un equipo es el que gana un campeonato.
Mi deber no depende del de otro, y he de cumplir con el mío, pese a su olvido
¿Cuánto tiempo pueden los hombres prosperar entre paredes de ladrillo, caminar sobre pavimentos de asfalto, respirando humo de carbón y de petróleo, crecer, trabajar, morir, con apenas una idea sobre el viento, el cielo, y los campos de grano, viendo sólo la belleza hecha máquina, con la calidad de vida semejante a la de los minerales?
Nos prometieron el cielo y nos quedamos en el purgatorio.