que sólo conozca un deber: el de abandonarse plenamente a su amado, tanto como si, llena de exaltada beatitud, mendigase ese favor. Sólo entonces es cuando se pueden obtener de ella los verdaderos y grandes placeres. Y a esto sólo se llega por medio de una elaboración espiritual.
Hay pocas cosas que resulten imposibles de la mano de la paciencia y de la diligencia.
No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y su gran dignidad.
Estoy seguro de que continuarás odiándome... no puedo hacer nada para cambiarlo. Sin embargo, el odio le quitará la libertad a tu corazón y te destruirá desde adentro. Ya no puedo llegar más lejos y ya no puedo estar frente a ti... Libérate de mí... me llevaré tu odio y tu tristeza conmigo.
¡Eres libre!
Cuentas viejas líos y quejas.
Cristo no nos libera del sufrimiento, sino de sufrir inutilmente.
Necesito una esposa nueva.
Lo bello es aquello que es inteligente sin reflexión.
Quieres que sean felices, que tengan una buena vida, que no cometan tus errores. Y no lo hacen: cometen los suyos. En el fondo creo que subyace el deseo de que no crezcan; de que estén siempre a nuestro lado. Pero cuando ves que tus hijos son felices, con sus vidas, sus responsabilidades, entonces la relación fluye y evoluciona con naturalidad.
La nación más grande y más potente es débil si le falta la justicia.
Hay pocas cosas que resulten imposibles de la mano de la paciencia y de la diligencia.
No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y su gran dignidad.
Estoy seguro de que continuarás odiándome... no puedo hacer nada para cambiarlo. Sin embargo, el odio le quitará la libertad a tu corazón y te destruirá desde adentro. Ya no puedo llegar más lejos y ya no puedo estar frente a ti... Libérate de mí... me llevaré tu odio y tu tristeza conmigo.
¡Eres libre!
Cuentas viejas líos y quejas.
Cristo no nos libera del sufrimiento, sino de sufrir inutilmente.
Necesito una esposa nueva.
Lo bello es aquello que es inteligente sin reflexión.
Quieres que sean felices, que tengan una buena vida, que no cometan tus errores. Y no lo hacen: cometen los suyos. En el fondo creo que subyace el deseo de que no crezcan; de que estén siempre a nuestro lado. Pero cuando ves que tus hijos son felices, con sus vidas, sus responsabilidades, entonces la relación fluye y evoluciona con naturalidad.
La nación más grande y más potente es débil si le falta la justicia.