Oh, ¿y qué puedes hacer?
- Misaki: Al igual que tú... ¡cosas eróticas! (Se tapa la boca con la mano, y con la misma, cubre la boca de Usagi) ¿Qué te parece? ¡Es un beso indirecto! ¿Erótico, verdad?
- Usagi: (Ríe) Así es, en verdad erótico. Lo hiciste muy bien.
Tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre
¿Cómo puedo soñar mientras escribo? Son de la pluma los sueños. La página en blanco le da el derecho a soñar.
Hace tiempo que nos despedimos de las consignas nebulosas de la autodeterminación y no hay necesidad de restablecerlas
La presa que es acorralada en una esquina demostrará un poder increíble cuando llegue el momento.
La ausencia acaba con las pasiones mediocres y aumenta las grandes, así como el viento apaga las bujías y aviva el fuego.
La mujer es un animal de cabellos largos e inteligencia corta
Cuando Dios dio púas al erizo, bien supo lo que hizo.
La virtud y la generosidad son recompensadas de un modo inescrutable.
No hay joya tan valiosa en el mundo; que valga tanto como una mujer.
Es parte de la naturaleza humana sentir más curiosidad por algo que te ocultan.
- Misaki: Al igual que tú... ¡cosas eróticas! (Se tapa la boca con la mano, y con la misma, cubre la boca de Usagi) ¿Qué te parece? ¡Es un beso indirecto! ¿Erótico, verdad?
- Usagi: (Ríe) Así es, en verdad erótico. Lo hiciste muy bien.
Tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre
¿Cómo puedo soñar mientras escribo? Son de la pluma los sueños. La página en blanco le da el derecho a soñar.
Hace tiempo que nos despedimos de las consignas nebulosas de la autodeterminación y no hay necesidad de restablecerlas
La presa que es acorralada en una esquina demostrará un poder increíble cuando llegue el momento.
La ausencia acaba con las pasiones mediocres y aumenta las grandes, así como el viento apaga las bujías y aviva el fuego.
La mujer es un animal de cabellos largos e inteligencia corta
Cuando Dios dio púas al erizo, bien supo lo que hizo.
La virtud y la generosidad son recompensadas de un modo inescrutable.
No hay joya tan valiosa en el mundo; que valga tanto como una mujer.
Es parte de la naturaleza humana sentir más curiosidad por algo que te ocultan.