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En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma.

En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás.

Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos.

Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad.

Trabaja como si tuvieras que vivir siempre, y come como si tuvieras que morirte mañana.

Los hombres se asemejan al vino: el tiempo agria a los malos y mejora a los buenos.

Justo cuando uno descubre que sus padres tenían razón, sus hijos empiezan a decirle que uno está equivocado.

La serpiente cambia el cuero, pero no su obrar rastrero.

La existencia de soldados es, además de la pena de muerte, la más siniestra muestra de barbarie humana.

Gemeoss