que considerar segura la victoria hasta que el combate no haya tocado a su fin.
Te besé en los labios. Densos, rojos. Fue un beso tan corto, que duró más que un relámpago, que un milagro, más. El tiempo después de dártelo no lo quise para nada ya, para nada lo había querido antes.
Cuando el amor es la norma, no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta.
Siento en mis ojos las anguilas fuera de sí de los silencios montañeses.
Gobernar no consiste en solucionar problemas, sino en hacer callar a los que los provocan
La afición al placer nos liga al presente. El cuidado de nuestra salud nos suspende del porvenir
Te besé en los labios. Densos, rojos. Fue un beso tan corto, que duró más que un relámpago, que un milagro, más. El tiempo después de dártelo no lo quise para nada ya, para nada lo había querido antes.
Cuando el amor es la norma, no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta.
Siento en mis ojos las anguilas fuera de sí de los silencios montañeses.
Gobernar no consiste en solucionar problemas, sino en hacer callar a los que los provocan
La afición al placer nos liga al presente. El cuidado de nuestra salud nos suspende del porvenir