ponía mala cara.
- ¿Qué miras pervertido?
- ¡Que desagradable!
No.. no cambio ni un poco...
Ese concepto de las cosas me seducía: amores rápidos, violentos y pasajeros. A mi edad no seduce mucho la fidelidad. Sabía muy poco todavía del amor: citas, besos y hastíos.
No se trata de hablar, no se trata de callar: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio.
Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer.
Hablar hasta por los codos.
Me gusta el mar, me gusta la brisa, pero más me gusta tu bella sonrisa.
- ¿Qué miras pervertido?
- ¡Que desagradable!
No.. no cambio ni un poco...
Ese concepto de las cosas me seducía: amores rápidos, violentos y pasajeros. A mi edad no seduce mucho la fidelidad. Sabía muy poco todavía del amor: citas, besos y hastíos.
No se trata de hablar, no se trata de callar: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio.
Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer.
Hablar hasta por los codos.
Me gusta el mar, me gusta la brisa, pero más me gusta tu bella sonrisa.