plurifocales. Indaga, revolotea por todas partes, y el ojo del espectador reconstruye y condensa.
Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía.
Los higos exigen el canastillo trenzado. Las cerezas, el cuenco de la mano. Las uvas la boca entreabierta.
Tomaré mis propias decisiones, si me pierdo en el trayecto sufriré, si me equivoco rectificaré, y si no puedo reparar el error... ¡continuaré!
La justicia es la constancia de una perpetua voluntad
El cerebro de los necios transforma la filosofía en tontería, la ciencia en superstición, y el arte en pedantería.
Entre los tontos el vacío se parece a la profundidad. Para el que es vulgar, la profundidad es incomprensible. De ahí viene quizá la admiración del pueblo por todo aquello que no comprende
Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía.
Los higos exigen el canastillo trenzado. Las cerezas, el cuenco de la mano. Las uvas la boca entreabierta.
Tomaré mis propias decisiones, si me pierdo en el trayecto sufriré, si me equivoco rectificaré, y si no puedo reparar el error... ¡continuaré!
La justicia es la constancia de una perpetua voluntad
El cerebro de los necios transforma la filosofía en tontería, la ciencia en superstición, y el arte en pedantería.
Entre los tontos el vacío se parece a la profundidad. Para el que es vulgar, la profundidad es incomprensible. De ahí viene quizá la admiración del pueblo por todo aquello que no comprende