mejor no hacer decía Einstein, o sea que la ciencia debe someterse a la ética.
Nos impulsaban las olas livianas, y el viejo océano sonreía con el peso del amor y la esperanza puestos a su recaudo; amansando con delicadas caricias sus llanuras tempestuosas, el sendero se allanaba apara nosotros.
Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez
En un bostezo de horror, tuerce el estero holgazán su boca de Leviatán tornasolada de horror.
Personas hay que reputarán de triste una comarca por el hecho de haber estado en ella en tiempo lluvioso.
Acaso es posible arrepentirse cuando no hay alternativa...
Nos impulsaban las olas livianas, y el viejo océano sonreía con el peso del amor y la esperanza puestos a su recaudo; amansando con delicadas caricias sus llanuras tempestuosas, el sendero se allanaba apara nosotros.
Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez
En un bostezo de horror, tuerce el estero holgazán su boca de Leviatán tornasolada de horror.
Personas hay que reputarán de triste una comarca por el hecho de haber estado en ella en tiempo lluvioso.
Acaso es posible arrepentirse cuando no hay alternativa...