cuando en cada banca aparecen tendidos de naipes, que atraen a jefes y oficiales como la luz a los mosquitos.
Imite y supere el envidioso al envidiado, y más que él será elogiado
El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
El recuerdo del gozo ya no es gozo; mientras que el recuerdo del dolor es todavía dolor.
Nosotros nunca hemos, nunca haremos y, ciertamente, no estamos favoreciendo a ningún piloto en este momento.
Si la civilización de Europa se hundiese, como se hundió en Grecia, la desolación intelectual que resultaría de ello sería tan profunda como lo fue entonces.
Un extraño hombre vestido de negro vendrá más tarde a por ello. Dádselo a él.
Imite y supere el envidioso al envidiado, y más que él será elogiado
El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
El recuerdo del gozo ya no es gozo; mientras que el recuerdo del dolor es todavía dolor.
Nosotros nunca hemos, nunca haremos y, ciertamente, no estamos favoreciendo a ningún piloto en este momento.
Si la civilización de Europa se hundiese, como se hundió en Grecia, la desolación intelectual que resultaría de ello sería tan profunda como lo fue entonces.
Un extraño hombre vestido de negro vendrá más tarde a por ello. Dádselo a él.